Quiero examinar una de las áreas más importantes de tu vida: tus pensamientos. Nuestros patrones de pensamiento nos controlan de maneras que a menudo ni siquiera percibimos. Es fundamental que aprendamos a reflexionar sobre nuestros pensamientos.

En 2 Corintios 10:5, Pablo dice que debemos someter todo pensamiento a la obediencia de Cristo.

Sinceramente, libramos una batalla diaria por controlar nuestros pensamientos. Y cuando practicamos este principio crucial de someter cada pensamiento —asegurándonos de que se mantengan dentro de los límites bíblicos—, la transformación es absoluta. La mayoría de tus problemas comienzan con patrones de pensamiento erróneos, y muchas veces no te das cuenta porque no reflexionas sobre tus pensamientos.

Filipenses 4:8 nos ofrece pautas claras para nuestros pensamientos:

Finalmente, todo lo que es verdadero, todo lo honorable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo admirable; si hay alguna virtud o algo digno de alabanza, piensen en estas cosas (Filipenses 4:8).

El secreto para controlar tus pensamientos reside en aceptar estos límites y encauzarlos dentro de esos parámetros. Estos son los límites de tu vida mental, y al respetarlos, evitas muchos accidentes y problemas.

Si conduces por una carretera de montaña con curvas pronunciadas y precipicios, mantenerte dentro de los límites puede ser la diferencia entre la vida y la muerte, ¿verdad? De la misma manera, Dios ha establecido límites para nuestro pensamiento, y dentro de ellos gozamos de una libertad inmensa. Pero cuando decidimos ignorarlos y dejarnos llevar por nuestros impulsos, perdemos nuestra libertad porque nos convertimos en víctimas de nuestros propios patrones de pensamiento erróneos. Nos encontramos en un estado de confusión mental, permitiendo que pensamientos y patrones de pensamiento negativos nos roben la alegría, arruinen nuestra paz y nos lleven a decir y hacer cosas que no nos benefician.

Esta es una de las disciplinas espirituales más importantes y cruciales en la vida cristiana, y muchos no la toman en serio, para nuestro propio perjuicio.