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Déjame preguntarte: ¿alguna vez has tenido que lidiar con un compañero de trabajo soberbio y arrogante? Te tratan con soberbia; lo saben todo; son indomables; siempre tienen la razón. ¡No son tan fáciles de soportar!
Tengo una amiga que trabajaba en un banco y tenía dificultades para llevarse bien con una compañera arrogante. Después de orar y reflexionar, comenzó el “Proyecto Amor”, el nombre que le dio a un programa planificado para acortar distancias entre ella y su compañera. Primero, la invitó a almorzar. La compañera se sorprendió un poco, pero aceptó. Gracias a esto, se conocieron, y mi amiga descubrió que bajo esa actitud arrogante se escondía una persona muy insegura y temerosa con muchos problemas personales. Ahora se han hecho amigas, y esta mujer recurre con frecuencia a mi amiga en busca de consejo y ayuda.
Por suerte, mi amiga estuvo dispuesta a dejar atrás su resentimiento habitual hacia esta compañera arrogante y prejuiciosa y a esforzarse por tender un puente. Jesús nos enseñó a amar a nuestros enemigos, y este es un ejemplo de cómo poner ese principio en práctica. Es útil recordar que no tenemos que simpatizar con ellos para amarlos. Amarlos significa tratarlos con consideración y cariño, aunque no lo sientas.
Cómo lidiar con un compañero dominante
¿Alguna vez has trabajado con alguien que intentaba controlar a todos, incluido a su jefe? Siempre te está diciendo qué hacer, y todo tu ser quiere decir: “¡Oye, tú no mandas aquí!”.
Jesús nos dijo que nos humilláramos, y esa es una lección importante que debemos aprender. ¿Alguna vez pensaste que podemos usar estas relaciones con personas dominantes para aprender humildad? Es humillante callarse y no responder con ladridos. ¡Es aún más humillante seguir su dirección! Puede haber momentos en que eso sea lo correcto. Dios está interesado en desarrollar en nosotros características cristianas, y a veces usa circunstancias injustas e incómodas para ese propósito.
Aprender humildad es cómo nos transformamos cada vez más a la semejanza de Jesús. Si Dios te tiene en la escuela de humildad ahora mismo, confía en que él te guiará y, mientras estás allí, aprende bien las lecciones. No te rebeles ni te amargues. Úsalo como una herramienta para la justicia. Dios es muy bueno haciéndolo por nosotros.
Recuerda, si se requiere una confrontación, debemos examinar cuidadosamente nuestros motivos para asegurarnos de que estamos confrontando primero por el bien de la otra persona, no solo para desahogar nuestra frustración.