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¿Alguna vez has alcanzado algo que deseabas con todas tus fuerzas —un logro, una meta, incluso una etapa de la vida— y luego has pensado: «Esperaba sentirme más feliz»? Quiero analizar lo que llamo la Brecha de la Alegría. De hecho, la Brecha de la Alegría es un término que se usa hoy en día para definir el espacio entre lo que crees que te traerá alegría y lo que realmente te la trae.
Por ejemplo, puedes estar experimentando una Brecha de la Alegría en el trabajo. Esta sería la diferencia entre lo que esperas de tu trabajo o carrera y lo que realmente sientes. Me sorprendió saber que un estudio reciente muestra que el 61 % de los trabajadores reportaron menos alegría en el trabajo de la esperada, lo cual representa un aumento significativo en los últimos años. Además, esta Brecha de la Alegría en el trabajo no se limita a un solo tipo de trabajo o carrera, sino que afecta a todas las industrias, empresas de todos los tamaños y todos los niveles de organización.
Luego está la Brecha de la Alegría en las relaciones. Esta es el tiempo que transcurre entre momentos de alegría en una relación. Podría tratarse de un matrimonio, una relación familiar, una amistad: esas relaciones importantes en tu vida que esperas que te traigan felicidad, pero esos momentos son cada vez menos frecuentes y más distantes entre sí. Eso es una brecha de alegría.
Todos tenemos expectativas. Pensamos: “Cuando esto suceda, por fin me sentiré satisfecho”. Pero luego llega ese momento, y la alegría no corresponde del todo con lo que imaginábamos; esa brecha puede ser confusa y desalentadora. Quizás empieces a preguntarte: “¿Qué me pasa? ¿Por qué no soy más feliz?”. Pero la verdad es que no te pasa nada malo. Simplemente estás descubriendo algo muy importante.
Estás aprendiendo que aquello de lo que a menudo dependes para ser feliz nunca estuvo diseñado para satisfacerte por completo, incluso las cosas buenas. Por eso esta brecha de alegría importa. No es un fracaso. Es una señal de que tal vez has estado buscando una alegría duradera en lugares temporales.
La buena noticia es que existe una fuente de alegría que no decepciona. Una alegría que no se basa en que todo salga bien.