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No es raro que surja una atracción entre un hombre y una mujer que trabajan juntos. Pasar horas codo con codo puede crear una conexión de forma natural. Quiero analizar algunos de los problemas que pueden surgir en esas situaciones.
La mayoría hemos visto surgir relaciones entre compañeros de trabajo, o quizás hemos experimentado esa chispa en carne propia. ¿Qué debe hacer una mujer cristiana si empieza a sentirse atraída por un compañero de trabajo o percibe que él se siente atraído por ella?
Lo primero es hacer una pregunta muy sencilla: ¿Alguno de ustedes está casado? Si la respuesta es sí, entonces el camino a seguir es muy claro. Esa atracción es algo que simplemente no se puede fomentar. Nada de conversaciones privadas, miradas prolongadas ni compartir emociones que crucen la línea. Ni siquiera es necesario orar sobre la decisión; solo oren para obedecer a Dios. Eso es todo. Punto final. El paso más sensato es crear distancia. Los matrimonios siempre deben protegerse.
La atención femenina de un hombre puede resultar halagadora, especialmente si estás soltera o atravesando una etapa de soledad. Sin embargo, muchas relaciones inapropiadas comienzan de forma muy común e inocente: alguien sabe escuchar. He oído a mujeres decir: «Él no tenía con quién hablar. Yo era su única amiga». Pero ese tipo de cercanía emocional puede convertirse sigilosamente en algo peligroso. Puedes verte envuelta en una infidelidad emocional.
Ahora bien, si ambos están solteros, una relación podría ser una opción a considerar. Pero como mujer cristiana, querrás analizar cuidadosamente la situación en su conjunto. Es importante que él comparta tu fe en Jesucristo y tu nivel de compromiso para vivirla.
Incluso en ese caso, las relaciones entre compañeros de trabajo pueden complicar el ambiente laboral. Es prudente ir despacio y establecer límites claros. Y si la relación se vuelve seria, lo mejor sería encontrar la manera de separar sus vidas laborales.
En situaciones como esta, la decisión más sabia suele ser la que protege los corazones: el tuyo y el de todos los demás. Y puede ahorrarte mucho dolor y arrepentimiento más adelante, ya que honras a Dios mediante la obediencia.