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Presentado por Julie Busteed
¿Es tu lugar de trabajo un entorno difícil? ¿Te piden que participes en actividades que no concuerdan con tus convicciones bíblicas? Muchos nos encontramos en situaciones así. Quizás se trate de un nuevo requisito de Recursos Humanos o de un curso de capacitación al que se espera que asistas. ¿Cómo puedes responder con autenticidad, de una manera respetuosa con tu empleador y que no vaya en contra de tu fe?
El profeta Daniel del Antiguo Testamento nos ofrece un poderoso ejemplo. Analicemos la vida de Daniel y la de sus amigos para ver cómo afrontaron circunstancias difíciles y cómo tú y yo podemos aplicar esos mismos principios en nuestros lugares de trabajo hoy en día.
Un poco de contexto: Israel había sido conquistado por el rey de Babilonia, quien tomó a muchos de los jóvenes más capaces a su servicio. En Daniel 1:3-5, leemos que estos jóvenes fueron escogidos por su inteligencia, apariencia y capacidad de aprendizaje. Fueron llevados al palacio del rey, instruidos en la lengua y la cultura babilónicas, y se les ofreció comida y vino de la mesa del rey.
Daniel y sus amigos, Hananías, Misael y Azarías, fueron de los llevados. Fueron arrancados de sus hogares y de todo lo que les era familiar, colocados en una cultura extranjera e inmersos en nuevas creencias y prácticas. Incluso les cambiaron los nombres, como si su identidad y herencia fueran borradas.
También debían comer la comida del rey, lo que a primera vista parece un privilegio. Pero Daniel decidió no contaminarse comiéndola. Algunos sugieren que la comida pudo haber sido sacrificada a ídolos o considerada impura, aunque el texto no lo aclara. Lo que sí veo es que Daniel eligió honrar a Dios en el único ámbito que podía controlar. En un lugar donde tanto le habían arrebatado, se mantuvo fiel en lo que aún estaba a su alcance.
Daniel pidió respetuosamente permiso para que él y sus amigos se abstuvieran. Propusieron una prueba de diez días comiendo solo vegetales y bebiendo agua, y al final, él y sus amigos estaban más sanos y mejor nutridos que quienes comieron la comida del rey.
Daniel se encontraba en una situación en la que casi todos los aspectos de su culto y cultura habían desaparecido. No podía ir al templo. No podía hacer las prácticas habituales de su fe. Sin embargo, se aferró a lo que pudo: su devoción a Dios. Decidió honrarlo de una manera sencilla pero significativa.
¿Y tú? ¿Hay aspectos de tu lugar de trabajo que sientes que escapan a tu control? ¿Donde el ambiente parece hostil a tu fe? ¿El lenguaje es inapropiado? ¿Las prácticas son poco éticas? ¿Las expectativas te hacen sentir que estás cediendo?
¿Dónde te invita Dios, como a Daniel, a tomar una postura respetuosa pero firme? ¿Cómo puedes responder con autenticidad y respeto en una situación difícil y confiar en que Dios estará contigo y te mostrará el camino?