Presentado por Julie Busteed

¿Trabajas con personas que parecen tener envidia de tu éxito? ¿Cómo puedes vivir como seguidor de Cristo en ese entorno sin ponerte a la defensiva ni dejarte pisotear?

Daniel, una vez más, nos da un poderoso ejemplo. Para entonces, Daniel probablemente llevaba unos 60 años en Babilonia, sirviendo bajo el mando del nuevo rey Darío. Su ética de trabajo, integridad y excelencia lo distinguían tan claramente que el rey planeaba ascenderlo y ponerlo al frente de todo el reino (Daniel 6:3). Los compañeros de trabajo de Daniel se llenan de envidia y comienzan a buscar la manera de perjudicarlo.

Las Escrituras nos dicen que no hallaron en él corrupción alguna, porque era digno de confianza y no era corrupto ni negligente (Daniel 6:4). Al no encontrar ningún defecto en su obra, cambian de estrategia. Convencen al rey para que emita un decreto: durante treinta días, cualquiera que ore a cualquier dios o persona que no sea el rey será arrojado al foso de los leones.

Daniel se enfrenta ahora a otra prueba. ¿Cederá? ¿Se adaptará discretamente para protegerse? Me pregunto qué habría hecho yo. Quizás me habría sentido tentada a buscar un término medio: «Seguiré orando, pero no en público. Solo por un tiempo». Pero Daniel no.

Se mantiene firme. Continúa con su rutina de oración, abierta y constante. No se vuelve agresivo ni combativo; simplemente se niega a comprometer su devoción a Dios. Sus enemigos lo descubren, lo denuncian y la consecuencia es grave: Daniel es arrojado al foso de los leones. Y Dios interviene. Daniel no sufre daño alguno. Dios cierra la boca de los leones.

Lo sorprendente es que Daniel no se libró de la prueba. Aun así, entró en el foso con esos leones. Pero Dios lo protegió. Gracias a la fidelidad silenciosa y la confianza inquebrantable de Daniel, el poder y la gloria de Dios se manifestaron ante todos, incluso ante el gobernante más poderoso de la época.

Recuerda, sin importar quién sea tu jefe, sin importar cómo cambie el liderazgo a tu alrededor, Dios sigue siendo soberano. Él no cambia. Como seguidores de Cristo, estamos llamados a servirle primero con integridad, constancia y valentía. Y cuando la dinámica laboral parezca injusta, cuando otros te menosprecien, cuando parezca que hacer lo correcto te perjudica, no te desanimes. Daniel no evitó el abismo, y puede que tú tampoco.

Pero precisamente en esos lugares donde te sientes más vulnerable, Dios puede manifestarse de maneras poderosas. Tu fidelidad se convierte en una plataforma para su gloria. Mantente firme. No con dureza. No pasivamente. Sino con fe. Y confía en Dios respecto al resultado.