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Presentado por Julie Busteed
¿Te resulta difícil ser honesto cuando tienes que dar malas noticias? Puede resultar arriesgado, sobre todo cuando el resultado podría afectar tu trabajo o tus relaciones. La vida del profeta Daniel nos muestra lo que significa ser un auténtico seguidor de Cristo en momentos difíciles.
En el capítulo 5 de Daniel, Daniel sirve bajo un líder diferente, pero continúa fielmente en su papel. Para entonces, cuenta con años de experiencia y una sólida reputación, pero su lealtad suprema sigue siendo con Dios.
El rey ofrece un banquete suntuoso, haciendo ostentación de su poder y riqueza. En su arrogancia, ordena que se utilicen en la fiesta los vasos sagrados tomados del templo de Dios en Jerusalén. No solo se les da un mal uso, sino que el rey y sus invitados alaban a dioses falsos de oro, plata, bronce, hierro, madera y piedra en lugar de honrar al Dios vivo.
De repente, el ambiente cambia. Una mano aparece y escribe un mensaje en la pared. El rey, antes confiado, se llena de temor.
Tras agotar todas las demás opciones para descifrar el mensaje, alguien sugiere llamar a Daniel para que lo interprete. Es interesante que Daniel no fuera la primera opción del rey. Quizás, en el fondo, el rey ya sabía que había cruzado un límite y no quería afrontar la verdad.
Cuando Daniel llega, habla con respeto, pero también con valentía y claridad. Rechaza las recompensas del rey, dejando claro que su mensaje no está motivado por el beneficio personal. Como auténtico seguidor de Dios, Daniel no busca la aprobación ni el ascenso, sino la obediencia a Dios.
Le recuerda al rey cómo Dios trató a Nabucodonosor y luego se enfrenta directamente a Belsasar. Le dice sin rodeos que no se ha humillado, que ha deshonrado a Dios y que su reino le será arrebatado. Es un mensaje duro y peligroso de transmitir.
Sin embargo, Daniel dice la verdad y deja el resultado en manos de Dios. El resultado fue que el rey Belsasar fue asesinado esa misma noche y su reino fue conquistado por Darío el Medo. El ejemplo de Daniel nos reta. ¿Dónde te sientes llamado a decir la verdad ahora mismo? Tal vez te encuentres en tu lugar de trabajo o en una relación, y temas las consecuencias.
Ser un auténtico seguidor de Cristo no significa ser duro ni estar a la defensiva. Significa hablar la verdad con humildad y respeto, sin transigir. Significa confiar en Dios lo suficiente como para obedecerle, incluso cuando el resultado parece incierto. Al igual que Daniel, podemos elegir la fidelidad en lugar del miedo y confiar en Dios para lo que venga.