Presentado por Julie Busteed

¿Trabajas en un ambiente hostil o competitivo donde tus compañeros son conflictivos y harían cualquier cosa por ascender? Es un lugar difícil para estar día tras día, pero con la ayuda de Dios y las lecciones que aprendemos de su Palabra, puedes ser una luz en ese lugar.

Por ejemplo, consideremos a Sadrac, Mesac y Abednego. En la Biblia leemos cómo fueron perseguidos por su fe. El rey Nabucodonosor decretó que, en cuanto alguien oyera la música, debía postrarse y adorar su imagen de oro, que es la definición misma de un ídolo. Quien no obedeciera sería arrojado a un horno ardiente.

Por supuesto, estos jóvenes israelitas eran adoradores de Dios, así que no acataron la orden. Los demás caldeos, o quizás podríamos llamarlos colaboradores, observaron su comportamiento y los denunciaron, básicamente, los delataron ante el rey. Nabucodonosor los confrontó personalmente y, de alguna manera, les dio una última oportunidad para adorarlo. Escuchen su respuesta:

—Oh Nabucodonosor, no necesitamos defendernos delante de usted. Si nos arrojan al horno ardiente, el Dios a quien servimos es capaz de salvarnos. Él nos rescatará de su poder, su majestad; pero, aunque no lo hiciera, deseamos dejar en claro ante usted que jamás serviremos a sus dioses ni rendiremos culto a la estatua de oro que usted ha levantado. (Daniel 3:16b-18).

¿Lo oiste? Tenían tanta confianza en que Dios los rescataría. Sabían que podía hacerlo. Habian oído las historias de cómo Dios rescató a los israelitas del faraón, cómo dividió el Mar Rojo y los guió por el desierto, cómo precedió a Josué y las murallas de Jericó se derrumbaron al son de las trompetas. Sabían que Dios podía salvarlos. Y luego esta frase: «Pero aun si no lo hace», aun así no adorarán a ningún otro dios. Tenían fe en un Dios eterno, aunque no los salvara del horno de fuego.

Y al final de la historia, sí que los arrojan a las llamas, tan intensas que los hombres que los arrojaron mueren. Pero no estaban solos. Cuando el rey Nabucodonosor mira dentro, ve a cuatro hombres caminando. Dios estaba allí con ellos. Y cuando salen, ni un solo cabello se ha quemado. Dios no solo los salva milagrosamente como nadie más podría haberlo hecho, sino que, gracias a sus creencias y comportamiento, son un ejemplo para todos de la grandeza y el poder de Dios.

Espero que esto te anime a ser tú mismo, auténtico y genuino, en el trabajo. ¡Que encuentres tu identidad en Cristo y sepas que puedes confiar en él para todo! Aunque no veas cómo podría resolverse, tú y yo servimos y adoramos a un Dios que puede hacer cosas poderosas y milagrosas, incluso en un ambiente laboral conflictivo y hostil. Confía en que te guiará y te ayudará. Quizás seas un ejemplo para los demás y glorifiques a Dios.