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Presentado por Lauren Stibgen
Una cultura de estar ocupados puede impedirnos mostrar el amor de Dios. ¿Cuán a la ligera consideramos esta palabra? Al igual que nuestras nociones sobre el tiempo, también confundimos el amor. Gran parte de nuestro problema radica en que amamos todo y a todos. Así que, cuando te detienes a pensar en cómo mostrar el amor de Dios a los demás o en explicarles cómo se siente, quizás se pierde en el vacío que solemos atribuir a esta palabra.
Todos amamos. Al pensar en usar la palabra amor, mi mente se llena de corazones rojos y rosas, flores, dulces y otras formas visuales o físicas de ver o experimentar el amor. También pienso en cuántas veces he usado la palabra amor en las últimas semanas. Amo tomar un café con mis amigos. Amo las flores que compro en un puesto de productos locales. Amo a mi esposo. Amo a mis perros. Le digo cuánto amo el vestido de una amiga. Amo la pizza. Amé nuestra reunión de Zoom este mes. Creo que entiendes lo que quiero decir.
Usamos la palabra amor con ligereza, y si estamos demasiado ocupados para reflexionar sobre lo especial que es el amor de Dios por nosotros, será muy difícil mostrárselo a los demás. Si bien todo lo que ya mencioné puede ayudarnos a mostrar el amor de Dios a los demás, necesitamos profundizar en el significado de lo que Dios quiere que les mostremos.
El amor de Dios se describe como firme y duradero, sacrificado, incondicional, personal y transformador. Quizás hayas escuchado la palabra Hesed. Este es el profundo amor religioso en acción que Dios nos da como promesa.
No hay nada que podamos hacer para cambiar el amor de Dios por nosotros. Nunca se desvanece. Sentimos el amor de entrega total de Dios en Juan 3:16.
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna (Juan 3:16).
Vemos su amor firme y duradero por aquellos que, aunque deambulan como Israel, Dios todavía los ama.
Vemos su amor transformador en el abundante ministerio de sanidad de Jesús.
¿Cómo podemos mostrar a los demás este tipo de amor? No el amor de la pizza y el café. No el amor de “Amo a mi perro”. No el amor de “Amo cómo te queda el color”. Me refiero al amor de “Quiero compartir la vida contigo amor”, el proverbial amor de “Se lo daría a alguien aun si me doliera”. El amor que llora con quienes lloran y se regocija cuando otros se alegran.
Cuando estamos demasiado ocupados, es fácil dar un corazón brillante y flores. Es más difícil concentrarse y pensar en cómo Dios quiere que mostremos su amor a los demás.