He estado analizando cómo podemos conectar mejor con la gente.

Practiquen la hospitalidad entre ustedes sin quejarse (1 Pedro 4:9).

¿Cómo mostramos hospitalidad unos a otros?

Hay muchísimas maneras de hacerlo, pero significa que tendrás que verte como el anfitrión o la anfitriona, no como el invitado. Quien muestra hospitalidad asume la responsabilidad de hacer que los demás se sientan cómodos, atender sus necesidades, crear un ambiente acogedor y dar el primer paso. Esto puede ocurrir en cualquier situación: en casa, en el trabajo, en la iglesia, de compras o de viaje, etc. Muestra hospitalidad a los demás.

A veces simplemente significa tomarse el tiempo para reconocer a alguien y saludarlo, llamándolo por su nombre si es posible. A veces significa interrumpir tus propios planes para ayudar a alguien. Podría significar invitar a personas a tu casa a comer o tomarte el tiempo para escuchar el problema de alguien. Requerirá una actitud de servicio, la disposición a poner a los demás primero y conectar verdaderamente con ellos. Pero ese es el camino de Jesús, ¿verdad?

Observa que Pedro dice que debemos ser hospitalarios sin quejarnos. Esto me indica que ser hospitalario no siempre es fácil. Priorizar a los demás requiere una actitud que nace del poder de Dios en nosotros, no de nosotros mismos. Es posible ser hospitalario con el espíritu equivocado: con un espíritu quejoso.

Si de verdad quieres conectar con los demás y afrontar este reto de la hospitalidad, te conviene orar al respecto. Ora para que Dios te dé el deseo y la fuerza para querer conectar con los demás, para dedicar la energía, el tiempo y los recursos necesarios para priorizar a los demás y morir a tus propios deseos egoístas.

Pero aquí tienes la buena noticia: cuando aprendes a hacer esto, cosechas maravillosos beneficios. Descubrirás que morir a ti mismo trae nueva vida, como prometió Jesús. Cuando te quitas de en medio y adoptas la práctica diaria de priorizar a los demás, entras en esa vida abundante que Jesús vino a darnos. Es una de las paradojas de la vida cristiana: si queremos ser los mejores, debemos ser siervos. Y por la gracia de Dios y para su gloria, eso puede hacerse realidad en nuestras vidas.