Estoy examinando cuatro cosas que debemos aprender. Y una de las primeras en esa lista es nuestra necesidad de aprender a soltar.

Hay momentos en los que simplemente debemos soltar y entregar las situaciones a Dios. Soltar no significa que no nos importe ni que no haríamos todo lo posible por mejorar la situación. Simplemente significa que reconocemos dónde terminan nuestras capacidades y dónde entregamos las situaciones al control de Dios.

Por ejemplo, la mayoría de los padres se enfrentan a esta decisión de “soltar” con sus hijos. Crías a tus hijos lo mejor que puedes, intentas enseñarles principios bíblicos, haces todo lo posible por ayudarlos. Pero llega un momento en que los dejas ir. Quizás los dejas ir y cometen sus propios errores, pero sabes que no hay otra manera de que aprendan. Los dejas tomar sus propias decisiones, incluso si tú pudieras tomar mejores decisiones para ellos. Los padres tenemos que aprender a dejar ir a nuestros hijos.

Respondí la carta de un oyente que lucha por dejar ir su sueño de casarse. Desea una pareja y está obsesionado con ese sueño, pero él simplemente no puede soltarlo. A menudo, tenemos que dejar ir nuestros sueños, esas cosas preciadas que hemos estado esperando, anhelando y soñando. Pueden ser cosas muy buenas, como casarnos. Pero Dios a menudo quiere saber si lo amamos más que a nuestro sueño. Y por eso tenemos que dejar ir. A veces, esos sueños se nos devuelven cumplidos más adelante; a veces no. Pero hasta que los dejemos ir, nos poseerán y nos robarán la alegría y la satisfacción. Tenemos que aprender a soltar nuestras cargas. Jesús nos dijo que le entregáramos nuestras cargas pesadas y a cambio aceptáramos la suya ligera. Creo que muchos nos sentimos culpables cuando hay un problema en nuestra vida si no sentimos la carga constantemente. Pero Dios no quiere que reaccionemos así. Él quiere que dejemos nuestras cargas a sus pies y que sigamos soltándolas. Les puedo decir que muchas veces le digo a Dios: “Señor, dejo esto aquí mismo. Lo dejo ir, porque es demasiado pesado para mí”.

¿Qué quiere Dios que dejes ir hoy? Te animo a hacerlo. Puedes confiar en Dios. Él puede encargarse de la situación, pero primero debes entregársela. Afloja esos puños ahora mismo y sigue aprendiendo a soltar. Tendrás que aprender y reaprender, pero es un principio importante para tu vida diaria.