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Confrontación constructiva: ¿Te suena a contradicción? Te aseguro que la confrontación puede ser muy constructiva cuando se da por las razones correctas, en el momento oportuno y de la manera correcta.
¿Recuerdas cuando los hijos de Israel fueron cautivos en Egipto? Dios le dijo a Moisés: «Levántate de mañana y confronta a Faraón… y dile: “Así dice el Señor: Deja ir a mi pueblo para que me sirva”» (Éxodo 8:20).
El Señor envió a Moisés en una misión de confrontación. Desafortunadamente, Faraón decidió no hacer caso a la advertencia de Moisés, y como resultado, sufrió un daño inmenso y finalmente murió. Pero Dios siguió enviando a Moisés a confrontar a Faraón para evitar estos desastres. Ese era el propósito de las confrontaciones; fue una acción muy constructiva y apropiada.
¿Se te ocurre alguna persona o situación en tu vida que necesite una confrontación constructiva ahora mismo? ¿Cómo puedes saber si es constructiva o no? Considera estas preguntas:
- Si la confrontación se completara con éxito, ¿se beneficiaría la persona a la que confrontas?
- ¿Esta situación/persona realmente requiere confrontación, o necesitas un cambio de actitud o más paciencia?
- ¿Tu deseo de confrontar está arraigado en un deseo de desquitarte, o está envuelto en ira y venganza?
¿Qué es lo que causa las disputas y las peleas entre ustedes? ¿Acaso no surgen de los malos deseos que combaten en su interior? Desean lo que no tienen, entonces traman y hasta matan para conseguirlo. Envidian lo que otros tienen, pero no pueden obtenerlo, por eso luchan y les hacen la guerra para quitárselo. Sin embargo, no tienen lo que desean porque no se lo piden a Dios. (Santiago 4:1-2).
Siempre que la agitación interior se deba simplemente a nuestros propios deseos egoístas insatisfechos, a la codicia o a la ira, obviamente somos nosotros quienes necesitamos confrontar y cambiar, ante todo. Al pensar en la persona o situación de tu vida que necesita confrontación, examina tu corazón en oración ante el Señor, lee este pasaje de Santiago 4 y asegúrate de que tus motivos estén en consonancia con la palabra de Dios. De lo contrario, estarás confrontando con el poder de la carne por las razones equivocadas, y te aseguro que fracasarás estrepitosamente.